GEORGE ORWELL Y EL LENGUAJE CLARO

Aunque George Orwell —periodista, crítico, corresponsal, novelista y hasta policía— nunca abordó de forma específica la escritura de textos legales, sí reflexionó extensamente sobre las manipulaciones del lenguaje, la opacidad deliberada y el poder retórico de las palabras. Sus principios, advertencias y recomendaciones son sorprendentemente aplicables a la redacción jurídica, al punto de convertirlo en un precursor inesperado del movimiento contemporáneo del lenguaje claro.

Breve biografía

Orwell nació el 25 de junio de 1903 en la India, donde su padre era funcionario administrativo del gobierno colonial. Su verdadero nombre era Eric Arthur Blair, y adoptó el seudónimo George Orwell en 1933, en homenaje a San Jorge, el santo patrono de Inglaterra, y al río Orwell, del condado de Suffolk, donde vivió varios períodos de su vida.

En 1936 y 1937 combatió en la Guerra Civil Española, en el frente republicano y fue herido de gravedad cuando la bala de un francotirador enemigo le atravesó limpiamente el cuello. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó para la BBC en tareas de propaganda a favor de las fuerzas aliadas. Murió de tuberculosis en Londres el 21 de enero de 1950.

Su obra incluyó crónicas autobiográficas (Sin banca en París y Londres, 1933), ficción realista (Los días de Birmania, 1934), ensayos documentales con crítica social (El camino a Wigan Pier, 1937), memorias (Homenaje a Cataluña, 1938), novelas distópicas de crítica política (Rebelión en la granja, en 1945, y 1984, en 1949), y una larga lista de ensayos sobre el poder, el lenguaje, la libertad y la democracia.

Manipulación del lenguaje y totalitarismo

El eje central de la obra de Orwell es su combate contra el totalitarismo. En “La política y el idioma inglés”, un ensayo fundacional publicado en 1946, el autor denuncia que la falsificación del lenguaje es la principal herramienta de los totalitarismos, para lo cual emplean dos instrumentos: por un lado, la resignificación de las palabras, y por el otro, las frases hechas y los eufemismos.

Orwell señala que términos como “democracia”, “fascismo”, “patriota” y “progresista” han perdido su sentido o tienen varios significados irreconciliables entre sí y que quien las usa las emplea con un alcance distinto del que entiende quien las oye. Esa resignificación fue exagerada hasta el grotesco, seguramente para reforzar el mensaje político, en el “newspeak” (“neohabla”) de 1984, con los eslóganes “Guerra es paz”, “Libertad es esclavitud” e “Ignorancia es fuerza”. En Rebelión en la granja, un contrasentido semejante —y probablemente el más famoso de todos— fue la frase “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.

Por otra parte, en el mismo ensayo Orwell expone la perversión del lenguaje mediante el empleo de frases hechas, que resultan atractivas por su comodidad (evitan la necesidad de pensar) y sonoridad (suenan bien). Aquí advierte que el lenguaje político está plagado de eufemismos porque los argumentos reales son sencillamente demasiado brutales: nadie puede decir abiertamente “creo en eliminar a los opositores cuando ello permite obtener buenos resultados”; por ello, el bombardeo de poblados es llamado “pacificación” y el desplazamiento de campesinos de sus hogares ancestrales es presentado como “rectificación de fronteras”. “El lenguaje político”, nos dice, “es construido para lograr que las mentiras parezcan verdaderas y el asesinato, respetable, y para dar una apariencia de solidez al mero viento.”

De esta manera, falsificando el lenguaje se controla a los ciudadanos, al alterar artificiosamente su percepción de la realidad cuando se les quita la posibilidad de distinguir entre conceptos distintos, si no ya directamente opuestos.

Propuesta: sinceridad y claridad

Para combatir esa la adulteración, Orwell propone una serie de reglas simples que eviten las frases hechas y que permitan “que el significado elija la palabra y no al revés”. Muchas de ellas coinciden con los principios esenciales del lenguaje claro y resultan plenamente aplicables a la redacción jurídica:

  1. ¿Qué estoy tratando de decir?
  2. ¿Qué palabras lo expresan mejor?
  3. ¿Qué imagen o modismo lo vuelve más claro?
  4. ¿Es esta imagen lo suficientemente fresca como para ser efectiva?
  5. ¿Podría decirlo con menos palabras?
  6. ¿He dicho algo que es feo y que podría haber evitado?
  7. Nunca usar una metáfora, un símil u otra figura retórica gastada
  8. Preferir una palabra corta a una larga
  9. Si es posible suprimir una palabra, suprimirla siempre
  10. Nunca usar la voz pasiva cuando se pueda usar la activa
  11. Nunca usar extranjerismos, tecnicismos o jerga si existe una palabra equivalente del lenguaje corriente
  12. Romper cualquiera de estas reglas antes que decir una barbaridad

En síntesis: la lección para el abogado

Orwell nos plantea tres cosas: no perder de vista lo que realmente queremos decir, evitar florituras y frases hechas, y usar el sentido común.

Y así, al combatir la falsificación de las palabras para resistir el engaño y la opresión, también nos entrega una serie de principios sencillos para expresarnos mejor en los textos jurídicos.

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