CÓMO GANAR TODAS LAS DISCUSIONES

¿Es posible ganar todas —absolutamente todas— las discusiones? La experiencia sugiere que las únicas discusiones que siempre se ganan son las imaginarias, y que las que nunca se pierden son las que no se entablan. Sin embargo, tres autores —Arthur Schopenhauer, Madsen Pirie y Pablo da Silveira— han sostenido, desde distintos enfoques, que sí es posible imponerse en el debate siempre (o casi siempre).

Schopenhauer: más que tener razón, importa ganar

Arthur Schopenhauer (1788-1860) fue un filósofo alemán, considerado uno de los más brillantes del siglo XIX. En 1830-1831 escribió unos textos, apuntes y fragmentos sueltos, que fueron publicados póstumamente en 1861 en una pequeña obra intitulada El arte de tener razón expuesto en 38 estratagemas. No es un manual de lógica o de argumentación, sino una verdadera taxonomía de sofismas, ardides, chicanas y provocaciones. Su tesis central es que en la discusión no se persigue la verdad sino la victoria, y ésta se alcanza explotando sesgos cognitivos, ambigüedades lingüísticas, asimetrías de conocimientos y manejo de la audiencia.

A ese fin el libro expone 38 triquiñuelas dialécticas, que el autor llama estratagemas, no para argumentar con lógica sino para vencer en el debate. Estas estratagemas pueden ser agrupadas en cuatro categorías, aunque también es posible incluir a varias de ellas en más de una:

  1. Falacias propiamente dichas, como deducir de las admisiones del rival una conclusión favorable a la propia postura, aun cuando esas premisas sean insuficientes para fundar la conclusión (estratagema 20) o descartar el argumento rival afirmando que es puramente teórico (33);
  2. Chicanas, como proclamar triunfante una conclusión que en realidad no está respaldada por las premisas o las pruebas (14) o interrumpir o desviar la trayectoria de una discusión que se presenta desfavorable (18);
  3. Triquiñuelas dialécticas, como distorsionar el argumento rival para atacar esa distorsión y refutar ese argumento (estratagemas 1, 2, 3 y 23) o aturdir y apabullar al adversario con palabrerío sin sentido (36);
  4. Provocaciones: encolerizar al adversario (8) o atacar directamente su persona (“se procede ofensiva, grosera y ultrajantemente”) (38).

Este pequeño gran texto es un análisis descarnado y fascinante de cómo frecuentemente se persuade en la vida real. No es una obra satírica ni, menos aún, una prédica moral, sino una ventana (y a veces un espejo) que revela la deshonestidad intelectual en muchos debates.

Madsen Pirie: uso y abuso de la lógica

Madsen Pirie (1940) es un filósofo y economista inglés, cofundador y actual presidente del Instituto Adam Smith, un think tank británico que defiende las ideas clásicas de libre mercado. Pirie es considerado como una especie de sucesor Schopenhauer, en el sentido que coincide en que prevalece la persona que tiene la mejor retórica, no la mejor lógica.

En How to Win Every Argument – The Use and Abuse of Logic, Pirie presenta un catálogo sistemático de falacias. Publicado originalmente en 1985 como The Book of the Fallacy, el libro fue relanzado en 2006 con un enfoque más práctico y, en su segunda edición de 2015, amplió el repertorio (de 79 a 91 falacias) e incorporó contextos contemporáneos (redes sociales, medios, conversaciones informales).

Es una guía entretenida e ingeniosa de las diversas falacias lógicas usadas en las discusiones. Pero su tono ligeramente burlesco no significa que no sea un libro muy serio que permite reconocer las fallas en los argumentos ajenos o eventualmente usarlas; por eso el autor, en la introducción advierte que “en manos de la persona equivocada, es más un arma que un libro”. Las falacias son expuestas en orden alfabético, encabezadas por su definición, seguidas de un ejemplo -generalmente humorístico- y finalmente con la recomendación acerca de cómo identificar o usar la falacia.

De la extensa lista de falacias analizadas por Pirie destaco dos a título de ejemplo.

La primera es la falacia de las palabras “cargadas”, que es el empleo deliberado de términos que tienen una connotación positiva o negativa, pero bajo la apariencia de un mensaje objetivo. Esta práctica es muy común en la política, como por ejemplo en los debates sobre el aborto (donde se enfrenta “el derecho a decidir sobre el propio cuerpo” con “la defensa de la vida”), los desembolsos del Estado (“gasto” vs “inversión”) o, más recientemente, la flexibilización laboral (“precarización” vs “modernización”).

La segunda es la falacia del humor irrelevante, que consiste en introducir algún material jocoso en la disputa para desviar la atención. Un ejemplo fue el debate presidencial de 1984 entre Mondale y Reagan cuando éste, que a la sazón tenía 73 años, fue preguntado si su edad sería un problema en una crisis, especialmente en vista de la juventud de su oponente. Reagan respondió: “No voy a hacer de la edad un tema de esta campaña. No voy a explotar, con fines políticos, la juventud e inexperiencia de mi oponente.” El público (incluso Mondale) estalló en carcajadas. Al invertir la cuestión mediante esta broma, Reagan evitó tener que contestar realmente una pregunta incómoda sobre las comprensibles preocupaciones médicas o cognitivas relacionadas con su edad.

Da Silveira: al menos, no perder

El tercer texto es Cómo ganar discusiones (o al menos cómo evitar perderlas) (Taurus, Buenos Aires, 2004), escrito por Pablo da Silveira, un filósofo uruguayo doctorado en la Universidad de Lovaina que entre 2020 y 2025 fue ministro de Educación y Cultura en el gobierno de Luis Lacalle Pou.

Da Silveira primero expone cómo construir argumentos válidos (premisas claras, conclusiones justificadas) y propone herramientas prácticas: analogías, ejemplos, preguntas bien formuladas y dilemas. Luego enseña cómo identificar cuando otros están empleando falacias (varias de las expuestas por Pirie y Schopenhauer), pero no trae una lista extendida de ellas.

Este un libro sumamente didáctico que no se limita a enumerar trucos, sino que es una verdadera explicación de la teoría de la argumentación. A diferencia de Schopenhauer, no busca ganar a toda costa sino persuadir, evitando la agresión o el abuso retórico.

¿Para qué le sirven estos libros a un abogado?

Schopenhauer enseña cómo se manipula una discusión; Pirie, cómo se identifican y clasifican las falacias; y Da Silveira, cómo construir argumentos sólidos y persuasivos sin renunciar al rigor intelectual. Leídos en conjunto, los tres libros funcionan como una especie de anatomía del debate: muestran tanto sus mecanismos legítimos como sus deformaciones.

Para un abogado, su utilidad es ante todo práctica. Cuando se litiga, negocia o redacta, no basta con “tener razón”: también es necesario advertir cuándo el adversario desplaza la discusión, manipula el lenguaje, introduce falsas alternativas o apela a recursos emocionales disfrazados de razonamiento. Detectar esas maniobras permite neutralizarlas y, en ocasiones, exponerlas con eficacia ante el juez o la audiencia. Y la capacidad de denunciar —y nombrar correctamente— un vicio lógico no solo desarma la estrategia contraria, sino que otorga una autoridad retórica ante el tribunal que puede resultar determinante para el éxito de la causa. Porque en la argumentación jurídica, como en esgrima, muchas veces la diferencia no está en la fuerza del ataque sino en la capacidad de reconocer el movimiento del contrario antes de que impacte.

*****************

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *