Cuando nos expresamos en el lenguaje corriente, sea oral o escrito, incurrimos en diversos errores que, por su frecuencia, terminan siendo naturalizados. En el plano coloquial, esas fallas suelen ser inofensivas, pero cuando se trasladan al texto jurídico pueden generar serios problemas porque abren la puerta a discusiones interpretativas no deseadas o inoportunas.
A continuación revisaremos algunos errores frecuentes y veremos por qué conviene evitarlos en los textos legales:
- Detentar
- Si o sí
- Asumir
- No me voy hasta que no me paguen
- Volver a repetir (“La Historia se repite dos veces”)
“Detentar” no significa “detentar”
Esta palabra casi siempre es utilizada con el sentido de poseer, ocupar, exponer, tener y (sobre todo) ejercer. Pero en realidad quiere decir exactamente contrario.
Según el Diccionario de la Lengua Española (DLE), “detentar” significa “retener y ejercer ilegítimamente algún poder o cargo público”, y en el ámbito jurídico es “retener lo que manifiestamente no le pertenece”. La palabra, por lo tanto, tiene una connotación de ilegitimidad. Pese a ello, es muy común escuchar o leer que tal o cual funcionario “detenta” un cargo para el cual ha sido elegido, sin advertir que, tomada literalmente, la expresión significa que ocupa el puesto sin título o derecho.
La Real Academia admite que el término se utiliza a veces con el sentido neutro de “tener algo o disponer de ello” o “poseer un título”, especialmente en el lenguaje administrativo, pero recomienda reservarlo para supuestos en los que la posesión no es legítima.
En el ámbito jurídico, el uso erróneo de esta palabra no es inocuo, precisamente porque introduce una nota de ilegitimidad y por ello puede configurar un reconocimiento o una imputación no deseada o incorrecta. Por ejemplo, la frase “Fulano detenta la propiedad de las acciones” puede ser presentada o interpretada como la admisión de que las posee sin derecho.
¿“Sí” o “si”?
Otra equivocación muy frecuente es confundir el sí afirmativo con el si condicional, lo que ocurre casi siempre en las comunicaciones abreviadas comunes en aplicaciones como WhatsApp o Telegram. “Si nos vemos el domingo” ¿significa que nos veremos el domingo o que nos veremos siempre y cuando se cumpla alguna condición?
Lo que diferencia a “sí” de “si” es la tilde diacrítica: “diacrítica” significa, precisamente, distinguir, separar o discriminar. Ella permite diferenciar las palabras homófonas, es decir, que suenan igual pero tienen un significado distinto, como “té” y “te”, “tú” y “tu”, “cómo” y “como” y, también, “sí” o “si”.
“Sí” (con tilde) puede ser un adverbio de afirmación o confirmación (“sí, me gusta”), consentimiento (“sí, quiero”) o contraste (“yo no voy, pero él sí”). También puede ser un pronombre personal reflexivo (“masculló para sí”) o un sustantivo (“me dio el sí”).
“Si” (sin tilde) puede ser una conjunción condicional para mostrar una condición o suposición (“si llueve, no vamos”) o para introducir una oración interrogativa indirecta (“pregunta Juan si vas a venir”). También es la séptima nota musical, es decir, gramaticalmente un sustantivo.
En los textos jurídicos, este error puede alterar el sentido de una declaración o de un contrato. “El testigo afirmó que si estuvo” deja la duda de si en realidad estuvo o no; “el testigo afirmó que si vio al sospechoso” tampoco es inequívoco. En tales casos -y sin ánimo de hacer un juego de palabras- la tilde diacrítica es verdaderamente crítica.
“Asumir” vs “presumir”
Es cada vez más frecuente el uso del verbo “asumir” con el sentido del inglés assume, es decir, con el significado de dar algo por cierto o por sentado: “asumo que Juan vendrá”, lo que supone un mayor grado de certeza que “creo que Juan vendrá” pero menor a “estoy seguro de que Juan vendrá”.
El DLE reconoce los siguientes significados de “asumir”: atraer a sí, tomar para sí, hacerse cargo, responsabilizarse de algo, adquirir, tomar una forma mayor.
En el Diccionario Panhispánico de Dudas (PDP), la RAE parece resignarse a este avance “anglicista”, y nos dice que en siglo XIX este término, probablemente por influencia del inglés, amplió su sentido y hoy significa también “dar por sentado o por cierto”.
Sin embargo, en el ámbito jurídico “asumir” y “presumir” tienen significados claramente distintos y puede resultar muy peligroso usarlos como si fueran términos intercambiables. Aquí “asumir” es aceptar una obligación, tomar un cargo o hacerse cargo de algo; y “presumir” puede referirse al mecanismo jurídico por el cual se considera que un hecho es verdadero, admitiéndose (o no) prueba en contrario. La diferencia es importante y delicada. “Asumir la buena fe” puede resultar ambiguo; “asumir que existió un incumplimiento” puede ser una admisión devastadora; “las partes asumen que el plazo es razonable” ¿es una hipótesis de trabajo o una afirmación vinculante?
“No me voy hasta que no me pague”
En el lenguaje cotidiano y también en los mensajes periodísticos (orales o escritos) es constante el empleo de frases complejas del tipo “no me voy hasta que no me pague”, donde la oración principal es “no me voy” y la subordinada temporal es “hasta que no me pague”.
Esta expresión es interpretada sin dificultad como “no me voy hasta que se me pague” o “me voy solamente cuando se me pague”. Pero con un análisis estrictamente lógico o gramatical, puede entenderse como que el dicente se irá cuando llega el momento en que no se le pague (“hasta que no se me pague”), de modo que mientras no se le pague tendría que irse, lo cual claramente no tiene ningún sentido.
Desde el punto de vista gramatical, este tipo de frase es una negación pleonástica o expletiva, que no aporta significación, pero se añade por razones enfáticas o expresivas. En estos casos el segundo “no” puede ser suprimido sin que ello modifique el sentido de la frase.
Esta doble negación, que en el lenguaje corriente por lo general no tiene ninguna importancia, en un texto jurídico, y particularmente en un contrato, resulta confusa y puede causar dificultades interpretativas, particularmente si una de las partes la aprovecha para forzar un determinado sentido. La cláusula “el inquilino no desocupará el inmueble hasta que no le reintegren el depósito” ¿significa que si no ocurre el reintegro entonces sí devolverá el inmueble? Obviamente, es una conclusión absurda, contraria al sentido común, pero es preferible no dejar cabos sueltos que puedan conducir a tener que debatir significados. Por ello, en los textos legales es muy aconsejable evitar la doble negación y preferir afirmaciones directas: “El inquilino desocupará el inmueble cuando le reintegren el depósito”.
“Volver a repetir”
Esta también es una frase muy común, y casi siempre está mal usada. Gramaticalmente es una redundancia viciosa, un pleonasmo. El verbo “repetir” corresponde a la segunda ocurrencia del mismo hecho, y el “volver a repetir” es correcto recién a partir de la tercera ocurrencia (y las subsiguientes).
Empleada coloquialmente, también aquí esta frase tiene un uso expresivo, más enfático que lógico porque plantea la perseverancia del expositor y equivale a un “insisto”. En cambio, en los textos formales -administrativos, académicos o jurídicos- la expresión es generalmente imprecisa y superflua; y si no existe una ocurrencia anterior, solo sirve para desorientar al lector que inútilmente buscará el antecedente, sin hallarlo.
Un ejemplo de uso equivocado es la tantas veces recordada frase “la historia suele repetirse dos veces, primero como tragedia y luego como farsa” atribuida a Marx (en El 18 de Brumario de Luis Bonaparte), que obviamente es ilógica e inexacta, porque la primera vez no puede constituir una repetición. En realidad, Marx jamás escribió eso; la cita correcta es la siguiente:
“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa.”
Es improbable que Marx jamás se haya preocupado mucho por la diferencia entre “repetir” y “volver a repetir”, pero lo cierto es que, al menos en este pasaje, no usó ninguna de las dos.
Enseñanza final
En el lenguaje cotidiano muchas imprecisiones pasan inadvertidas porque el contexto permite reconstruir el sentido. En cambio, en el Derecho, las palabras no solo comunican: también crean consecuencias jurídicas. Y si una palabra o frase puede prestarse a dos interpretaciones, tarde o temprano alguien intentará aprovechar una de ellas.
Por ello, la mejor prevención es escribir con precisión, evitar ambigüedades y revisar sin descanso. La historia no se repetirá dos veces, pero lo errores de redacción sí, y mucho más de dos veces.
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